BAILANDO CON LAS DIOSAS EN LA TIERRA DE LOS DIOSES
1
La aparente tranquilidad del paisaje armoniza con mi presencia.
Todo es eterno, inamovible, completo.
El fin y el comienzo no existen. Hay todo y no hay nada.
Es la imagen que un observador descuidado ve de reojo y deja ir.
Convencido de que no hay nada.
Debajo del aparente nada, todo hierve de actividad.
2
La blancura se extiende.
El silencio abunda.
Bajo la superficie se acumulan los pensamientos.
El calor junta las gotas e infla el dolor.
A la blancura entra un ojo azul.
La belleza cala en el corazón.
Se oye un trueno.
Las gotas se dispersan.
Vuelve una tranquilidad aparente.
Otra camino por la tierra de dioses.
3
La tensa membrana del azul explotó.
El dios mayor sacrificó su ojo.
Odín1 de un solo ojo tiene respuesta a todas las preguntas.
4
Como había pedido una explicación de nuestro relato, los dioses me invitaron a pasar.
Me mostraron nuestro relato a través de sus ojos.
Me contaron el relato tal y como lo habían forjado ellos.
Mi relato. Fugaz.
El relato de todos. Eterno.
El relato que no existe.
Me tomaron de la mano.
El hambre de piel me hizo seguirles.
5
Prestas atención a todas las historias.
Menos a la mía.
La mía te parece demasiado ligera.
Le reprochas la falta de vivencias
que la teñirían de oscuridad y le quitarían alegría.
6
Las palabras se comieron todo lo bello que pudo haber sucedido.
7
La gente estamos hecha según a la imagen divina.
Los dioses están hechos según el patrón humano.
¿Nacieron los dioses de la imaginación de la gente
o fueron ellos los que tallaron a los primeros seres humanos?
Al hombre y a Embla.
A Ask del fresno. A la mujer del olmo.
A él, del sagrado árbol2 del cosmos.
A ella, de una otredad excepcional.
8
Veneras mi cuerpo porque sirve a tu placer.
Honras mis palabras mientras elevan tu soberbia.
Aparentas honrar mis pensamientos para que te los comparta.
Intentas domarlos cual una horda de caballos salvajes.
Quieres dirigirlos hacia tu establo.
Domesticarlos y someterlos a tus necesidades.
Le estás jugando a dios entrenando a la gente.
9
Por el paisaje blanco se esparcen en grupos de colores.
Blancos, negros, café, manchados.
Libres se exponen al viento, a la lluvia, al sol, a la nieve.
Con naturalidad aceptan el movimiento de la tierra y las salvajadas en el cielo.
La altanería de la gente les hace sonreír.
Aceptan el entrenamiento humano
como un traje a la medida,
mientras obedecen la configuración del mundo
hecha por dioses.
10
Con palabras tentadoras me atrajiste al altar de sacrificio de tu supervivencia.
11
Me rozó tu presencia.
Apenas. Varias veces. Sin previo aviso.
Me encantó.
Una y otra vez.
Anhelaba la embriaguez.
La buscaba. Te estaba buscando.
Con intención. Insaciable. Imparable.
Dentro de ti reconocí una divinidad.
Irradiabas paz, inocencia y belleza.
Tomaste la imagen de Balder3.
Te me estabas entregando a gotas.
Una palabra dicha de paso.
Un tierno toque instantáneo
que quizás ni siquiera ocurrió,
que percibí dentro de mí.
La mirada de unos ojos curiosos que me regalaban la emoción.
Asiduamente me tocaba recibir el baño de tu presencia.
El frescor estaba cada vez más profundo.
Resucitada caminaba por el mundo.
Las gotas de coexistencia encontraron su camino a mí.
Me llevaba la dicha de puro entregarme.
12
De la mano te guiaba por el entre-espacio de todo.
Fingías que este podía ser tu mundo también.
De la mano me guiabas por tu mundo de lo concreto.
Intentaba convencerme de amar tu manera de existir.
Éramos excelentes en tomarnos de la mano.
Todo en nuestro alrededor se había derrumbado,
pero las manos seguían buscándose.
Anhelaban estar entrelazadas.
Por una última vez entrelazamos los dedos para retirarnos a la nostredad.
Cada uno estaba hundiéndose en su mundo.
Los dedos se desenredaron.
La nostredad se deshizo.
13
Frigg4 había visto mis lágrimas antes de que yo te conociera.
Antes de que soltara la primera.
No me susurró ni una advertencia y yo me lancé a tu abrazo.
La reina de los dioses me visitó mientras estaba llorando.
Pudiste haberme ahorrado las lágrimas, le reproché.
No suelo revelar mis visiones a nadie, me aclaró suavemente la esposa de Odín.
Por qué entonces observas el futuro, la pregunté.
Las diosas estamos llorando contigo, contestó.
14
¿Y si los dioses no hubieran estado jugando con nosotros?
¿Y si no nos hubiéramos creído todopoderosos?
¿Y si hubiéramos vuelto a empezar con todo una vez más?
¿Y si la nostredad no hubiera existido jamás?
¿Qué hubiera sido si nuestro relato no hubiera sido sólo una copia de los demás?
15
Crees en los dioses. En el orden que idearon.
A pesar de la compasión por todo lo vivo, la tradición guía tus pensamientos.
La aparente iluminación que portas como joyería brillosa
Queda opaca por la falsedad que no puede escaparle a una mirada atenta.
Tu boca llena de palabras que espolvoreas por donde sea,
mientras tropiezas con los montoncitos hechos de letras.
El cuerpo no sigue las palabras.
Las acciones revelan tus mentiras.
Me seguirías cargando en los brazos y poniéndome en el trono de tu reino.
Me admirarías y honrarías. Mientras siguiera tu juego.
Mientras siguiera cumpliendo todos tus caprichos
y me sometiera a tu secreta tendencia de dominar.
16
Presumes que eres diferente de los hombres. De los dioses.
Escondes tu naturaleza
para que puedas atrapar a tus víctimas en una malla de aparente equidad.
Me dejé llevar por la imagen de tu dulzura y quedé atrapada.
Cuando descubrí el fraude ya era demasiado tarde.
La urdimbre de tus intenciones se adhería en mí cada vez más.
No querías soltarme y me envolvías en ella apretándola más y más.
Las diosas intervinieron en nuestro baile inicuo.
Nuestras lágrimas le quitaron el poder mágico a la urdimbre.
Se deshizo y logré escapar.
Mientras tú maldecías a los dioses, yo empecé a honrar a las diosas.
17
Tropecé y acabé en nuestro relato.
Al que tú entraste con un paso decidido.
Sin preámbulo respiramos armónicamente la coexistencia de lo extraordinario.
La risa nos rodeaba y nos unía.
La felicidad y la dicha de la nostredad nos clavaron a la acción.
Todo era posible. Todo era eterno.
Tropezaste y saliste volando de la nostredad.
El asombro me dio valor.
Con un paso decidido abandoné el presentimiento del relato.
En la memoria hecha añicos estuve buscando partecitas del fin.
Partecitas del comienzo. Partecitas de mí.
Bragi ponía mis palabras en orden.
El dios de la poesía y caza dirigía mis pensamientos.
Las partecitas comenzaron a encajar.
La divinidad de la poesía domó al instinto de caza.
Bragi hilaba mis versos en finos flujos.
18
Me abrí en flor.
Llena de esperanza abría mis pétalos.
Tu atención y presencia me nutrían.
Tenía ilusión de algo soleado,
esperaba una luz beata,
pero vertiste sobre mí tu desesperación.
Pintabas mis días de una oscuridad con la que no sabía vivir.
Rechazaba estar impregnada de negro.
Anhelaba mi respiro ligero y transparente.
19
El peso de tu oscuridad se tendió sobre mí,
como la nieve tardía cubre las primeras flores.
Una aparente placidez
que conlleva un fin inmediato.
20
Secretamente la nostredad empezó a poblarse de ranuras.
Las pequeñas grietas de inseguridad se fueron convirtiendo en profundos abismos.
Los dos mundos se separaron y comenzaron a distanciarse.
Por más fuerte y elástico que fuera Bifrost, el puente de arcoíris
que une el mundo de los dioses con el de la gente,
ya no lograba unirlos.
Asgard, el mundo de los dioses, y Midgard, el mundo de los humanos, iban perdiendo la conexión.
Vagaba por el mundo de la gente mientras tú andabas por el mundo de los dioses.
¿O era al revés y sólo estabas imitando a los dioses desde lejos?
A un dios. Al mayor de todos ellos.
La soberbia de sentirte igual a él te llevó a la búsqueda de sabiduría.
Querías encontrar la solución que nos volviera a atar.
No estabas dispuesto a entregar un ojo por más amplio que fuera el conocimiento.
Intuías que esto no salvaría la nostredad.
Utilizaste la segunda solución de Odín.
Te colgaste del árbol para lograr la iluminación sin demasiado sacrificio.
Pateabas, te movías, pero seguías obstinado demostrando que luchabas por nosotros.
De ti salían las palabras
que se suponía nos unieran en medio del puente de arcoíris,
pero sólo alargaban el Bifrost.
Odín te volvió a engañar. No te hizo saber
que los humanos no pueden hacer uso de las soluciones divinas.
Te puso trampa para que te rindieras.
Con la cabeza hacia abajo, los miembros atados y el cuerpo colgando
le abriste camino a la majestuosa oscuridad
que rodea mundos.
Comenzó a habitarte y apagó cualquier destello del germen de la solución.
Insistías largos días hasta que por fin te desesperaste.
Torpemente te pusiste de pie.
Seguíamos cada uno en su mundo.
Tu sacrificio actuado no dio frutos.
21
Estaba lista para entregarme a todos tus pensamientos
intencionados a no aceptar
mi manera de existir.
Por tus pensamientos sobre mi fragilidad que te era tan grata,
y que me ibas regalando envueltos en celofán,
empezaba a desvanecer.
22
Cantabas tu nula importancia.
Rompías todos los espejos.
Evitabas los reflejos
que deseaban mostrarte tu imagen.
Sin parar buscabas mi mirada.
Te hundías en ella.
No era porque me quisieras conocer.
En la mirada te estabas observando a ti mismo.
En mis ojos.
En mi corazón.
En mi admiración.
Tu hambre de grandeza,
en un disfraz de modestia
que te quedaba pequeño,
se zampó todas las palabras de nuestra historia.
23
Discretamente estás enamorado de ti.
24
Existíamos.
Tú.
Yo.
Nosotros dos.
Con el paso nos fuimos tejiendo la nostredad.
Por un instante éramos uno.
La nostredad se acabó y a la vez sigue eterna.
Regreso a ella por unos instantes y estoy feliz.
Regresas a ella por unos instantes y estás miserable.
La fugacidad nos tocó.
Demasiado pronto y a la vez demasiado tarde.
Podríamos tener sólo recuerdos bonitos.
Pudimos haber estado más tiempo hundiéndonos en la pegajosa oscuridad.
La fugacidad reveló muchas de sus caras
en todos los periodos de la nostredad.
Yo. Y. Tú.
Nosotros dos.
Extáticos. Felices. Asombrados. Infelices.
Tú. Y. Yo.
Cada uno por separado.
Infelices. Asombrados. Felices.
Tú. Nosotros dos. Yo.
La nostredad existe en la eternidad.
En algún momento de la inmensidad lo abarca todo.
Si la fugacidad no existiera, no hubiéramos disfrutado de la nostredad.
Si no hubiéramos disfrutado de la nostredad, nuestra historia no se estaría repitiendo
en todas las historias narradas alguna vez.
25
La experiencia de la fugacidad es única y universal.
Pinta nuestros pensamientos de diferentes sensaciones.
Me llena de fascinación ante todas las posibilidades.
Todo terminará y volverá a suceder.
Te llena de angustia ante el sinsentido de la existencia.
Todo terminará y seguirá el nada.
26
Siempre vuelves a elegir
la familiaridad de la devastadora oscuridad
en lugar de la desconocida levedad del ser.
27
La vida nos iba esculpiendo de la misma forma.
Estábamos convencidos de que compartíamos la misma historia.
Nos contábamos las anécdotas que reflejaban el relato del otro.
Tu pasado parecía igual al mío.
Los cinceles formaron
los mismos huecos,
los mismos rasgos,
las mismas formas en nosotros.
Todas las personas estamos formadas igual.
Todos somos Emblas y Asks.
Los dioses se divierten con nuestra autocomplacencia
cuando buscamos relatos sobre nuestra unicidad.
28
Puros entramos a nuestro baile.
No conocíamos los pasos correctos.
La coordinación de nuestro movimiento nos encantaba.
Nos soltamos a fluir.
La perfección de la coexistencia nos llevaba en alas.
La inocencia impregnó los pensamientos.
Ahuyentó a todo el titubeo de las experiencias pasadas.
La dicha de la ligereza de la relación apuntaba a su infinidad.
Cada nuevo paso se convertía en la base de la unión sempiterna.
La ligereza de los pasos relacionados era inspiradora.
Creí que esta era la realidad de ambos,
pero tú sólo seguías las instrucciones divinas para el baile en pareja.
29
Nos declarábamos que Urd5 nos había destinado un pasado igual,
que por fin entrelazamos e hicimos uno.
Creíamos que éramos idénticos. Que coincidíamos en los detalles.
Citábamos sólo aquellas visiones y recuerdos,
que confirmaban nuestros deseos, proyectados a la realidad.
Nos convencíamos que no éramos Ask y Embla.
Nuestros fundamento y el interior no eran distintos.
Estamos hechos del mismo árbol, poníamos las palabras en la boca del otro,
en sueños creábamos las imágenes deseadas,
en vigilia tejíamos el velo del engaño.
La levedad del ser de ese momento nos fue dada por Verdani6.
A los dos. Para mí era paradisiaca, para ti agotadora.
La indescriptible levedad del ser,
que penetró en cada célula de mi cuerpo,
te reveló a ti unos obstáculos invencibles.
Me llevaba a las alturas,
mientras a ti te hundía en mundos inferiores.
Pero nos persuadíamos de estar coexistiendo
en la unión dichosa de una vivencia momentánea.
Convencidos de que el amor vencería todos los obstáculos.
Que seríamos la excepción. Que nuestro relato se saldría de la infinita rueda de la historia.
Todo alrededor de nosotros se derretiría y nosotros nos quedaríamos siendo uno. Para la eternidad.
Al menos para el tiempo de nuestra existencia terrenal.
No oímos las carcajadas de Skuld7. Nos tenía asignado un futuro diferente.
Desde la primera corazonada de nuestro amor su risa sonaba en nuestro alrededor,
pero nos hacíamos de oídos sordos. Nos los tapábamos.
Si no la oímos, no existe, nos animábamos cada uno por separado.
Mirábamos a los ojos del otro por si la risa rebotaba también en su interior.
… si nos hubiéramos reconocido que lo estábamos oyendo.
… si hubiéramos conversado al respecto.
… si no hubiéramos sido presumidos y no nos hubiéramos alojado en el mundo de los dioses.
Quizás.
Quizás.
Quizás.
Quizás las tres Nornas,
las hermanas que cuidan el origen del destino,
hubieran decidido diferente.
… no nos hubiéramos conocido jamás.
… estaríamos juntos para siempre.
Pero nosotros no somos importantes.
Nuestros papeles no significan nada en el relato de la vida.
Mientras hacían su eterna tarea, regar el árbol sagrado,
no éramos sino un momento de diversión y entretenimiento para las Nornas.
30
El lago de alquitrán,
brillando en el sol,
te tienta con su negrura.
Y vuelves a subir el tobogán
que te catapulta, con una mezcla de deleite y miedo,
al pegajoso amasijo.
La oscuridad te es tan familiar
que vagas por el fondo del lago
frenado por la masa a tu alrededor
que marca el tiempo a tus pensamientos.
Sueñas con las posibilidades de vivir con ligereza,
pero no te despegas del fondo que te es tan grato.
La idea de salvarte de la negritud pegajosa
te atemoriza más que la misma cárcel de lo conocido.
31
Loki8 se reía a carcajadas y tramaba sus travesuras.
El más tramposo y pícaro habitante de Asgard
estaba jugueteando con nuestro relato.
Él dirigía tu mirada.
En tus sueños te mostraba la imagen de Hel9.
Veías solamente la bella, la iluminada mitad de la cara de la hija de Loki.
En el sueño, fusionado con injertos de los momentos de vigilia paranoica, andabas con ella.
La horrible, la oscura mitad de su cara solamente la intuías.
Te atraía su misteriosa atrocidad.
Ella logró plantar una semilla de incredulidad en lo nuestro.
Le juraste guardar silencio sobre vuestras andanzas.
Te llamaba a su reino del noveno mundo,
donde reina sobre los que no murieron en violencia.
La reina de los muertos sin honor.
Bailaste con ella y bailaste conmigo.
Un baile con cada una.
El tiempo lo repartías entre nosotras dos.
El tiempo para ella predominó. Su danza te seducía más.
Insertabas vuestros pasos en nuestro baile. Empezamos a pisarnos los dedos.
Nos estábamos enredando, pero seguíamos creyendo en la infinita coordinación de nuestro movimiento.
Cada vez más teñías nuestro baile del ritmo del vuestro.
Soñabas con Helheim10, el reino de tu otra bailarina.
Tropezábamos y seguido nos encontrábamos en el piso,
hasta quedarnos tirados allí definitivamente.
Cada uno por separado. Lejos del otro.
Nos extendíamos los brazos, pero ya no nos alcanzábamos.
Las palabras vagaban por el entre-espacio, chocaban y se entrelazaban.
Brotaban a vivir su vida.
Botaban de nosotros.
Hel también se separó de ti.
No te dejó pasar a su mundo, por más ruido que hicieras tocando su puerta.
Su papel se completó.
Su padre la mandó al siguiente relato.
32
Oigo la carcajada de Loki.
Está contento.
Logró cometer una travesura más.
Una de las que no afectan a los dioses.
Por esta picardía no será castigado.
33
Nuestro relato se dio en el entre-espacio de las palabras.
Florecía en el entre-espacio de los pensamientos.
Allí respirábamos y estábamos felices.
La risa llenaba el entre-espacio.
Nos llevaba alto,
chocaba contra las esquinas verbales y las empujaba lejos.
La risa ya no está.
Las esquinas están agudas y de repente tan cerca.
El entre-espacio se encogió.
Nuestro relato se evaporó.
Yo puedo existir sólo en los entre-espacios de las cosas tangibles.
Cuando extiendo los brazos, respiro con ligereza,
me río y bailo al ritmo de vibraciones de la no-existencia.
Tú puedes existir sólo en una determinación concreta.
Donde el entre-espacio no existe.
Cuando te abraza lo concreto y consuela la opción de sujetarte.
34
En los entre-espacios de la existencia,
cuando me muevo con los ojos cerrados,
eres la realización de mis sueños.
Nos vertimos el uno en el otro.
No sé dónde comienzo yo y dónde terminas tú.
Cuando me agarro de las esquinas de lo concreto,
mi mirada vaga por el laberinto de la nostredad,
y no te reconozco.
Con los ojos abiertos esto ya no eres tú.
Mientras te miro, tu imagen se desvanece.
Cuando no bailo mi baile, no me reconozco.
Cuando cierro los ojos, todo es posible.
Pero tú no quieres los entre-espacios.
No quieres un baile a ciegas en una eternidad inasible.
Todo lo quieres nombrar y hacer que encaje.
35
¿Cómo pudimos siquiera entrar al mismo relato?
Nos unió la diosa del amor,
Freya11 enlazó el don de la atracción y guerra con el don de la sexualidad.
Nos cubrió con el ala de su abrigo emplumado.
Escondidos bajo su ala
encantados vislumbramos la eternidad el uno en el otro.
36
Bajo la luz del sol finges
estar arrancándote las cadenas de la ansiedad.
En la benevolente familiaridad de la noche,
te las estás poniendo deseoso.
La diosa de la noche,
tu amada Nott,
está forjando las cadenas contigo.
37
El hombre. El señor. El dios.
Mío. Mío. Mío.
Vivíamos en el mundo de los dioses.
Paseábamos por Asgard.
Éramos dos divinidades. El uno para el otro.
Para los dioses éramos su hermano, su hermana.
Dos de ellos. Iguales entre iguales.
Los Azi12 te adoptaron a ti,
yo era una de los Vani13.
La eternidad era nuestra.
La eternidad es nuestra.
La eternidad será nuestra.
Juntos, en la eternidad somos uno.
Un breve momento de distracción fue suficiente.
No lo reconocimos.
No lo notamos.
Lo advertimos a destiempo, por lo que, hábil, esquivaba la comprensión.
El taimado destructor de todo lo divino,
lo metió de contrabando a nuestro relato.
Disfrazado del consejo de amor eterno
timó a los guardianes de la muralla defensiva de nuestra unanimidad.
Mordiste en la manzana divina de la canasta
que Loki había metido como un cebo entre las manzanas de nuestro huerto.
Idunn14, la guardiana de las manzanas de la inmortalidad, no extrañó ninguno de sus frutos.
Cada día Loki metió una manzana nueva.
Cada día lo mordiste vorazmente.
De todas, siempre escogías la manzana de los dioses.
El efecto del hechizo no era efímero.
A diario, los dioses se comen una manzana.
No envejecen ni por un día.
A diario, tú te comías una manzana.
Los años caían de ti.
Niño. Niñito. Niñote.
Mío. Tuyo. De nadie.
La nostredad se derrumbó,
antes de que Idunn encontrara el robo diario y te alertara.
El efecto no tenía remedio.
Entre nosotros se hacinaron los siglos.
Ya no nos reconocíamos.
De repente erraba cada uno por su vía.
La mujer. El niñote. Idunn.
Maldecíamos a Loki que desde lejos y a salvo se estaba carcajeando.
Estaba presumiendo su exitoso engaño frente a los dioses
que habían disfrutado del teatro.
38
Hablábamos con las miradas y el tacto.
Los entre-espacios verbales llenaban nuestra unanimidad.
Todo era posible.
Todo era perfecto.
Todo se acoplaba a nosotros.
Con las palabras llegaron las complicaciones. Ya no nos entendíamos.
Ratatusk15 llevaba oraciones entre tú y yo como sólo ella sabe.
La ardilla, diestra en transmitir mensajes
desde las raíces del árbol sagrado,
hasta sus picos más altos.
Entre el devorador de cadáveres Nidhogg16 y el águila que desde la cima del árbol observa a todos los mundos,
lleva las palabras.
En su camino las cambia adrede.
La distancia entre nosotros le tomaba cada vez más tiempo.
Un día el camino se le hizo demasiado largo.
Ya no tenía ganas de estarlo venciendo.
Ya no podíamos intercambiar las palabras.
Se hizo el silencio.
Para las conversaciones de tacto y miradas ya estábamos demasiado distanciados.
39
Te arrastras por el fondo del remanso y te sujetas de todo
que te queda a la mano.
El remanso se convirtió en tu hábitat.
Desde mucho pudiste haber vivido diferente.
Te perdiste de un sinfín de momentos irrepetibles.
Hiciste gala en convencerte de
que no podías cambiar nada.
Miles de días te regodeabas en la comodidad de la atención,
que recibías al canturrear sobre tu angustia,
como si estuvieras marchando hacia el sol.
40
Los días nos unían,
Las noches intercalaban distancias entre nosotros.
Me hundía en los sueños,
mientras tú estudiabas los matices de la oscuridad de la noche.
Intentabas huir de lo insufrible
repitiendo acciones raras.
Cada noche con tijeritas cortabas las plumas en el vestido
que recibí de regalo de Freya.
No había notado nada
hasta que un día ya no podía volar.
Me puse el vestido, me lancé a las alturas de la libertad
Y me caí en picado sin aliento.
Sorprendida observaba mis extremidades llenas de moretones.
La sangre permeaba el vestido
y delató las plumas cortadas
que cuando blancas parecían completas.
Me estabas convenciendo que las plumas y el vestido no estaban mal.
Me estabas convenciendo que nunca había sabido volar.
Me estabas convenciendo que la vida sin alas era mucho mejor.
Me percaté y me di cuenta de tu verdadera naturaleza.
Me tapaba los oídos ante tus palabras.
Empecé a recolectar las plumas, aprendí a entretejerlas en el vestido.
Tomaré el vuelo.
Entraré a la sensación de lo divino.
Las diosas me aceptarán en su compañía.
Soñaré sin miedo
porque mi nuevo vestido estará a salvo de ti.
¿Dejarás de divagar por la oscuridad
o será mejor que esconda las tijeritas?
Ninguna mujer ni diosa debe quedarse sin sus alas jamás.
41
Tu oscuridad está repleta de decepciones, miedos y autocompasión.
Tejida de las expectativas no cumplidas.
La impotencia de todos los afectados se refleja en tu aparente deseo de liberación.
Te juntas con Thor17 y Tyr18,
que te introducen a las artes de truenos, batallas y guerras,
para llenar tu remanso casero con una sensación de horror.
42
Coleccionas relatos.
Los disecas hasta dejarlos irreconocibles,
hasta encontrar la sensación de horror.
La semilla de la premonición la tratas delicadamente.
Conviertes tiernas ideas en abundantes horrores.
A todo le atribuyes dimensiones irreparables.
Disfrutas en tu creación
que expones frente a los amigos.
Con tomas accidentales,
y llamativas,
te engañas a ti y a los que te miran,
porque cuidadosamente encubres lo bello de esos relatos,
para que el espectador desatendido los pase por encima.
43
Hábiles intérpretes de las ideas en fuga,
acostumbrados a buscar el significado,
de los mensajes escondidos y símbolos intencionalmente expuestos,
entramos al entre-espacio de las palabras.
44
El laberinto de los pasillos
entre las letras compuestas con cuidado
me nutre. Te deja satisfecho.
Vagar en el colorido del aparente vacío
abre las profundidades del conocimiento de todo
lo que trae la ausencia del pensamiento.
La aparente ausencia está llena de todas las posibilidades.
45
Cuando nos dimos la mano,
cada uno escogió su versión del relato
y por un instante fingimos
estar viviendo lo mismo.
Abrimos las alas. Cada uno las suyas.
Tomamos el vuelo. Alto.
Uno al lado del otro. Unidos.
Era como nos sentíamos. Era como nos veíamos.
Pero nuestra mirada era la de Veðrfölnir19,
un halcón anidando entre los ojos del águila.
La perspectiva lo engañó.
Desde el Yggdrasil nos vio uno por encima del otro.
Nos vio unidos.
Creíamos
que era nuestra mirada en común.
Pero vivíamos cada uno en uno de los nueve mundos.
Nos atamos para que el engaño aguantara,
pero la atadura nos cerró las alas.
Caer en picada era ineludible.
El aterrizaje duro. Inevitable.
Ratatusk estaba cumpliendo su misión de manera ejemplar.
Ya no nos reconocíamos en las palabras recibidas.
Los entre-espacios desaparecían por el camino.
Los sustituyó la sombra de la luna que nos perseguía,
como a ella le persigue su lobo.
46
Nos levantamos. Llenos de esperanza, pero cada uno en su mundo.
47
Los dioses se carcajeaban mientras veían la obra que habíamos montado para ellos,
convencidos de que éramos los creadores de nuestra vida.
Nos habían engañado.
Concibieron la obra y la pintaron de nuestros impulsos inconscientes.
El guion satisfacía su hambre de entretenimiento.
No somos Embla y Ask.
En nosotros no hay ni una pizca de olmo y fresno.
Somos sólo sus míseros descendientes
que se hicieron pareja sin pedir permiso divino.
Convencidos de nuestra omnipotencia
rompimos todas las leyes pactadas.
Juntamos la oscuridad y la luz,
como nunca se pueden juntar.
48
Juntos aprendimos sobre el árbol sagrado.
Yggdrasil significaba nuestro camino en común.
Muchas veces recorrimos el tronco,
desde las raíces hasta la cima del árbol, y charlamos con el águila.
Entre las ramas conocimos
los nueve mundos del cosmos.
Nos encantaba pasear por el arcoíris
que une el mundo divino con el humano.
Apenas conocimos un pedacito del todo
cuando partimos por caminos separados.
Ya no uno. Partidos.
Nos separamos. Nos desatamos.
La oscuridad regresó a sus viejas cadenas.
La luz finalmente se dio un respiro.
Cada uno en su mundo estamos
apoyados contra el tronco de Yggdrasil.
Ignoramos a la ardilla.
Cada uno les susurra su relato a las hojas.
Los dos se acercan cruzando por el arcoíris.
Se han revuelto.
Escuchamos sólo la sensación del relato del otro.
Las hojas mueven el susurro entre los mundos.
La historia de nuestra existencia paralela
saca risas y lágrimas a los oyentes accidentales.
No tiene nada de auténtico. Un cuento más sobre el dominio.
Las diosas del norte lloran conmigo.
49
Este relato no es nuestro.
No podemos apropiarnos de él.
Lo encontramos.
Lo pedimos prestado.
Nos envolvimos en él.
Tomamos los roles que ya fueron actuados miles de veces.
Siempre la misma historia, siempre otros actores.
50
Adoras que te abrace la negrura.
Su viscosidad te calma.
Presientes la idea de la luz,
pero la oscuridad tan familiar suele ahuyentarla.
La oscuridad es tú y tú eres la oscuridad.
Me tomaste de los tobillos
y me arrastraste a un hábitat pegajoso.
Una masa como alquitrán entraba por mis poros.
Justo antes de hundirme definitivamente
logré escaparme de tu apretón.
Salí a la luz.
Pero todavía, día a día,
me voy limpiando tu oscuridad
de cada célula de mi cuerpo.
51
En todas las fases de nuestra coexistencia
portabas un aire de superioridad.
Se asomaba desde tu esencia
y se mostraba hipócritamente omnipresente.
Las máscaras eran transparentes.
No lograron cubrir por completo tu naturaleza.
Si la euforia no me hubiera llevado en sus alas,
mi guardia no se hubiera dormido
y las diosas no tendrían que estar llorando conmigo.
Sus lágrimas se mezclaron con las mías.
Compartimos el dolor de vivir lo mismo.
Me convertí en una diosa.
Las diosas nos convertimos en mujeres.
Humillar, pisotear, ignorar,
un supuesto reconocimiento suyo a nosotras.
Engaños, guerras íntimas y violaciones,
un regalo suyo por nuestra supervivencia.
52
Lo excepcional de nuestra comunión,
que ponías en el pedestal de lo extraordinario,
lo veías solamente en lo irrepetible
de nuestra temporalidad humana.
La relación única que íbamos a construir,
la querías clonar de las relaciones de otros.
De otros hombres y sus mujeres.
De tu padre, tío. Hermano. Del amigo. Un conocido. Del Dios.
No me acoplaba a una relación así
y no seguí tu idea.
Me llevaste al juzgado de los que piensan igual,
para juntos echarme la culpa que me cortaría las alas.
Al entender que la nostredad no existía, tu dolor se convirtió en reproches.
Tus convicciones las ponías en la boca de dioses.
¿Fueron los dioses quienes se inventaron nuestro relato?
¿Nos fue siquiera dada la posibilidad de florecer a la par?
Debí de haber sido el abono para tu florecimiento, y no la flor
que se roba toda la admiración pensada para ti.
Mi colorido no debería competir
con la abundancia de tus colores.
A todos los llamaste a defender, a comprobar la única manera posible de convivir.
Odín, Tyr y Thor no te bastaron.
Le abriste la puerta a Zeus para que utilizara los disfraces y trucos,
Que había dominado hasta el último detalle para conquistar a los inconquistables.
No me sedujeron ni las imágenes ni las palabras.
La ira de los dioses se mezclaba con la tuya.
53
¿Que cómo me atrevo a desobedecer?
¿Qué cómo me atrevo a funcionar diferente?
¿Qué cómo me atrevo a considerar mis deseos, sueños y necesidades?
Debería agacharme en humildad.
Sacrificar mi esencia en el altar de la relación.
Guiar un cascarón así a tu visión del relato sería fácil.
54
El momento de la unanimidad cuando disponíamos de todas las opciones,
cuando nos hundimos en la aparente ausencia de todo y lo teníamos todo,
lo expando y encojo en una chispa vivencial.
El momento dura eternamente y no más que un respiro.
Tu lamento por la fuga del tiempo
te quitó la fuerza de la magia.
Nadas en la oscuridad de lo eterno,
repleta de los truenos de los dioses que piensan como tú.
Tú y los dioses queríais cortarse el mundo a vuestra medida,
donde las diosas sólo existimos como adorno y para cumplir sus deseos.
55
En mí aullaban las tormentas,
pero tú no veías más que mi imagen exterior.
Me reprochabas que no hacía más que observar mientras tú estabas en busca de la nostredad.
Me culpabas por no haberme sometido a ti.
Entre los dos vertiste el negror del remanso.
Llenaste la nostredad de alquitrán, por eso la abandoné.
La comunión se dividió en ti y en mí.
Estamos cada uno en nuestro mundo. Rodeados de seres diferentes.
Lo único que quedó de nuestra atadura son Sol y Mani.
La diosa del Sol y el dios de la Luna,
perseguidos por dos lobos,
así como a nosotros nos persiguen los recuerdos y la premonición de la nostredad.
56
Estoy cargando con los horrores,
de los que no tienes ni la menor idea.
Tú me canturreas tus rasguños,
y exiges la compasión.
57
Todos alguna vez vividos
toqueteos prohibidos
miradas perversas
intervenciones violentas en mi cuerpo
de los hombres que he ido conociendo desde el nacimiento,
los mastiqué lentamente y los escupí.
Mucho tiempo sólo había vacío.
Gota por gota fui reuniendo la esperanza
y la convertía en fuerza.
Con las lágrimas lloradas
iba iluminando los rinconcitos
a los que evitarían entrar hasta
los pensamientos más oscuros.
El llanto de las diosas me liberó de la cárcel de la indefensión.
58
Milenios de la represión,
sumisión y explotación,
que suceden día tras día,
y que las mujeres y diosas
sentimos en cada célula de nuestro cuerpo
nos dan la fuerza
para salirnos del vacío.
59
No puedes imaginar el dolor
que nutre la felicidad de cada momento.
El régimen del terror que adoptasteis con otros dioses
os sirve como pretexto para la ceguera.
No sobreviviréis ni un día,
Si os tocara vivir vuestras violaciones, represiones y obligaciones diarias.
Rudas intervenciones masculinas en
los pensamientos, actos y cuerpos de mujeres,
que sin el más mínimo remordimiento hacéis día a día
mientras que exigís la compasión para sí.
60
Cada mañana cuando me despertaba a tu lado,
Me despertaba con el horror de Sif20 el día
que Loki le cortó el cabello.
Como a Thor le pareció fea,
le encargó un cabello nuevo.
Cuando ella dejó de cumplir con sus expectativas
se les derrumbó el mundo.
Mientras los duendes forjaban su cabello,
Sif pavimentó con sus lágrimas vertidas el camino desde la cárcel hecha de puras trabas
donde la había llevado Thor, ayudado por las convicciones que ella tenía sobre su fealdad.
Acababa de salir de la oscuridad y relucir,
cuando le pusieron encima su nuevo cabello dorado.
A Thor le parecía más bella que nunca.
En un momento olvidó como se veía sin el cabello.
El cabello forjado de oro se apropió de la luz de Sif
que acabó de vuelta en su jaula.
61
Ni el lecho divino es un refugio seguro,
cómo podría serlo aquel en el que dormía contigo.
62
Me he sumergido en la quietud.
Cada día entro a una ducha de felicidad.
Ya no permito que me quiten el amor por la vida.
Metamorfoseé el peso de los horrores.
Todo lo que me pasó desde que nací.
Todo lo que les pasa a las mujeres desde que nació Embla.
Todo lo que viven las diosas
desde el principio de su tiempo.
Con las lágrimas vertidas
fui empedrando las escaleras fuera de la oscuridad.
La alegría es mi guía en el camino de la vida.
Los golpes inesperados me alteran.
A veces me vuelvo a encontrar en el fondo.
Jamás me apoyo en el viscoso suelo del remanso.
Cada vez construyo una escalera adicional
y la oscuridad ya no se me queda pegada
cuando salgo del lago de alquitrán.
63
Como no cumplía con tus expectativas,
les quitaste el sueño a mis noches.
64
Las expectativas rotas y los deseos
he ido poniendo sobre la mesa.
El rompecabezas no tiene solución.
Las piezas son demasiado pequeñas y no tengo el pegamento correcto.
En sueños reproduzco la proyección de lo deseado.
Me da la esperanza.
Me tira hacia delante.
Me pinta el mundo de colores.
65
En ti puse mi creencia.
Te veía tal como te quería ver.
Admirador y simpatizante de la libertad.
La tuya y la mía.
Viajando mano en mano y levitando con ligereza.
Los dioses te crearon a su gusto.
Eres como todos los que conozco.
Querías esclavizarme. Someterme.
Cerrarme en una jaula y tenerme para ti,
cuando hubieras llegado a necesitarme.
Como un pájaro que entretiene con su canto,
así estaría echando mi chispa alrededor tuyo.
Respiraría por ti, brillaría en tu oscuridad, cumpliría tus deseos.
Cuando ya no fuera, me dejarías ir.
Así hacen los dioses con las diosas encerradas en jaulas de oro.
66
Creía que eras inmune al peso de la historia,
uno de los pocos al que la tradición no había lavado el cerebro,
uno de los que no miraba a las mujeres desde el pedestal masculino del falso poder.
Me estrellé contra la realidad.
Las ilusiones incumplidas hicieron dispersar mis sueños.
Mientras pasara el dolor.
67
Nuestro relato se acabó.
Así como muchos otros.
Como en realidad terminan todos los relatos.
Los más bellos.
Los de amor.
Los de todo tipo.
El final me hizo añicos.
El dolor era indescriptible.
Las diosas me mandaron llamar.
68
La libertad impregna de vida a todas las caras de convivencia.
Envuelve las relaciones de amor.
El amor hace posible una armonía absoluta.
Una armonía que se expande sobre las alas de libertad y amor.
El círculo está cerrado.
Vivo diferentes formas de relaciones.
Mi relato sigue.
69
Las diosas del norte lloraron conmigo.
Con ellas bailo gozosa en la tierra de los dioses.
1 Odín: el mayor y el más antiguo de los dioses nórdicos. Tiene un solo ojo porque cambió el otro por la sabiduría. También adquirió conocimiento atándose nueve días a un árbol con la cabeza hacia abajo. Fue así como aprendió sobre las runas. Esposo de Frigg.
2 Yggdrasil: el árbol sagrado, fresno, conectado con sus nueve mundos entre los que se puede pasar.
3 Balder: dios nórdico de la belleza, inocencia y paz.
4 Frigg: La reina de los dioses nórdicos que puede ver el futuro, pero no se lo cuenta a nadie. Esposa de Odín.
5 Urd: una de las hermanas Norna. Define el pasado. Su nombre significa “destino”
6 Verdani: una de las hermanas Norna. Define el presente. Su nombre significa “llegar a ser”.
7 Skuld: una de las hermanas Norna. Define el futuro. Su nombre significa “lo que está predestinado”.
8 Loki: continuamente hace diabluras y causa grandes enredos. Algunos también los acaba arreglando. El hermano de sangre de Odín.
9 Hel: la mitad de su cara es blanca y bella, la otra mitad negra y horrible. Es quien gobierna en Hel, el mundo de los muertos sin honor, de los que no murieron honradamente en una batalla, sino por la vejez, enfermedad o accidente. Es hija de Loki.
10 Helheim: el noveno mundo. La morada de los muertos sin honor, gobernada por Hel.
11 Freya: la diosa nórdica de la fertilidad, amor, sexualidad, y también de guerra, profecías y atracción. Es bella, sensual y lleva un abrigo de plumas.
12 Azi: los dioses y diosas nórdicos cuyos cuerpos poseen fuerzas naturales.
13 Vani: la estirpe de los benevolentes dioses nórdicos de la fertilidad.
14 Idunn: diosa Æsir. La guardiana de las manzanas de la inmortalidad que otorgan eterna juventud a los dioses. Esposa de Bragi, dios nórdico de la poesía y caza.
15 Ratatusk: la ardilla que vive entre las ramas de Yggdrasil.
16 Nidhogg: dragón que vive entre las raíces de Yggdrasil y se alimenta de ellas. Conjuró al águila que vive en las ramas del árbol sagrado. También se alimenta de los cadáveres de los asesinos, violadores y los que rompieron el juramento.
17 Thor: dios nórdico del trueno y batalla, el más fuerte de los dioses. Esposo de Sif.
18 Tyr: dios nórdico de la guerra.
19 Veðrfölnir: el halcón que anida entre los ojos de un águila sin nombre que está en la cima del árbol sagrado Yggdrasil.
20 Sif: diosa nórdica de la fertilidad, familia, matrimonio. Esposa de Thor.